El número 40 tiene un significado simbólico muy fuerte en la Biblia y aparece repetidamente en momentos clave de preparación, prueba y encuentro con Dios.
1. Jesús y los 40 días en el desierto
El Evangelio narra que Jesús pasó 40 días y 40 noches en el desierto, ayunando y orando, antes de iniciar su vida pública. Durante ese tiempo fue tentado, pero permaneció fiel al Padre (cf. Mt 4,1-11).
La Cuaresma reproduce espiritualmente ese retiro de Cristo: un tiempo para fortalecer la fe antes de la Pascua.
2. Los 40 años del pueblo de Israel
El pueblo de Israel caminó 40 años por el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida. Fue un tiempo de prueba, purificación y aprendizaje, donde Dios formó a su pueblo.
La Cuaresma es también un camino, una peregrinación interior hacia la Resurrección.
3. Otros símbolos bíblicos del número 40
- El diluvio duró 40 días
- Moisés ayunó 40 días antes de recibir la Ley
- El profeta Elías caminó 40 días hasta el Horeb
En todos los casos, el número 40 representa espera, preparación y transformación.
¿Cómo se cuentan los 40 días de la Cuaresma?
Aunque el tiempo entre el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo es mayor, la Iglesia no cuenta los domingos, ya que cada domingo es siempre celebración de la Resurrección.
Por eso, al excluir los domingos, el total de días penitenciales es exactamente 40.
Los pilares de la Cuaresma: oración, ayuno y limosna
La Iglesia propone tres prácticas fundamentales durante este tiempo:
Oración
Fortalece la relación personal con Dios. Es tiempo de silencio, reflexión y escucha.
Ayuno
No es solo abstenerse de alimentos, sino aprender a renunciar a lo superfluo para dar espacio a Dios.
Limosna
Es un llamado a la caridad concreta, a mirar al prójimo, especialmente al más necesitado.
Estas prácticas buscan una fe más coherente y comprometida, no solo ritual.
La Cuaresma en Guatemala: fe y tradición viva
En Guatemala, la Cuaresma tiene una expresión muy particular. Procesiones, marchas fúnebres, alfombras de aserrín y devociones populares acompañan este tiempo litúrgico, convirtiéndolo en una experiencia profundamente espiritual y cultural.
Sin embargo, la Iglesia recuerda que detrás de cada manifestación externa debe existir una conversión interior auténtica, que prepare el corazón para vivir plenamente la Semana Santa y la Pascua.
Un tiempo para volver a lo esencial
La Cuaresma no es un tiempo triste, sino un tiempo serio, de revisión y esperanza. Es la oportunidad de detenerse, mirar la propia vida y caminar hacia la luz de la Resurrección.
Porque al final de estos 40 días, la cruz no tiene la última palabra: la Pascua es vida nueva.