Tres prácticas, un mismo camino espiritual
Desde los primeros siglos, la Iglesia ha propuesto tres pilares para vivir la fe con profundidad, especialmente en Cuaresma: ayuno, oración y limosna.
Estas prácticas no son invenciones humanas, sino que tienen fundamento bíblico y sentido teológico.
El ayuno: aprender a depender de Dios
En la Biblia, el ayuno es signo de:
- Arrepentimiento
- Humildad
- Búsqueda de Dios
Jesús mismo ayunó en el desierto. Teológicamente, el ayuno libera al ser humano del apego excesivo a lo material y abre espacio a lo espiritual.
La oración: diálogo vivo con Dios
La oración atraviesa toda la Escritura. Jesús se retiraba a orar antes de decisiones importantes.
Orar no es repetir palabras, sino escuchar, confiar y permanecer en la presencia de Dios.
La limosna: fe hecha caridad
La limosna expresa una verdad esencial del cristianismo: no se puede amar a Dios sin amar al prójimo.
Desde los profetas hasta el Evangelio, la caridad es criterio de autenticidad de la fe.
Una unidad inseparable
- Ayuno sin oración se vuelve dieta.
- Oración sin caridad se vuelve discurso.
- Limosna sin conversión se vuelve apariencia.
Las tres prácticas forman un camino integral de transformación cristiana.